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Entrevista a David Hernández de la Fuente.

  • Foto del escritor: PAIDEIA
    PAIDEIA
  • 20 mar 2022
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 22 mar 2022

Hemos tenido la suerte de entrevistar a David Hernández de la Fuente (Madrid, 1974) de la mano de nuestro comisario, Pablo Serrano Prieto, y de resolver ciertas dudas acerca de la temática que nos concierne. Escritor, traductor y catedrático especializado en la Grecia clásica, actualmente imparte clases en la Universidad Complutense de Madrid. Además ha publicado numerosos artículos en revistas y es autor de diversos ensayos, habiendo sido galardonado con premios por su labor académica.


Comienza hablándonos de que la existencia de múltiples puntos en común entre los proyectos de Platón y Aristóteles, relativas a la defensa de una política y de una ética sustentadas en una adecuada educación, es decir, acorde con las directrices de la paideia griega tradicional, no niega las diferencias que se establecieron entre ellos. Pese a que Aristóteles fuese discípulo de Platón, el segundo se termino desligando de los planteamientos del primero y fundando un nuevo sistema que abarcaba desde la metafísica hasta la ética. El contexto sociocultural compartido debido a a la crisis derivada de las Guerras del Peloponeso provocó un cuestionamiento conjunto del sistema democrático ateniense. Platón lo relacionó con deficiencias de una educación que distaba de ser pública, estatal y ciudadana en la mayoría de las polis, a pesar de que hubiera algunas excepciones, así como la agogé espartana.


Nos cuenta que la antigua Grecia era una época histórica de larga duración conformada por distintas etapas en que la educación iba cambiando y adaptándose a las condiciones que iban sucediéndose. Aún así pueden trazarse ciertos paralelismos, tales como el carácter privado de la misma o el recorrido que se establecía para que pudiera darse. Se iniciaba de la mano de un pedagogo, que solía ser un esclavo contratado por las familias para enseñar a los niños sus primeras letras: lectura, escritura y matemáticas, y que podría ser equivalente en la actualidad a un nivel primario. Le seguía un nivel secundario en que se introducía la lengua y la literatura, y que estaba orientado a la lectura de poemas homéricos, acontecimiento de suma importancia en la tradición cultural griega.


Después venía el nivel en que las relaciones que se establecían entre maestros y alumnos podían relacionarse en la actualidad con las resultantes de un nivel superior, universitario. La academia de Platón y el liceo de Aristóteles se situaban en este nivel en un momento histórico en que la filosofía lo abarcaba todo y en que la educación tenía la pretensión de ser integral: la paideia.


Señala que la antigua Grecia era muy diversa, que se estructuraba en ciudades estado y que no se unificó políticamente hasta el periodo helenístico. Pese a la diversidad existente entre cada una de las polis, había ciertos símbolos que unían a todos los griegos bajo una misma identidad, la experiencia cultural, religiosa, mitológica, literaria, la sabiduría ancestral, los grandes festivales, etc. La mitología y la religión en este momento eran primordiales, la mitología era una historia que educaba y que podía perdurar más allá de la infancia y, por su parte, el ámbito religioso resultaba imprescindible a la hora de crear nuevos ciudadanos. De hecho, era complicado no participar en la religión si tenías la pretensión de ser un ciudadano de pleno derecho. Hay un debate vivo en la academia actual acerca de la posibilidad de la existencia de ateísmo en la Grecia antigua, aunque la gran mayoría de la academia no piense que esto pudiese haber sido así, sí que hay quien aboga por un cierto escepticismo, como el que mostraron algunos presocráticos, al tener preferencia por un tipo de divinidad más abstracta.


Siguiendo a David, en ese momento estaban en alza los proyectos reformistas de la educación, como se evidencia en los casos de especulación teórica de Platón y Aristóteles, que coincidían en su manera de hacer escuela. El primero quería desterrar de la ciudad la mala educación, la mala poética, y centrarse en la mejora de las ciudades a raíz de la mejora del individuo. Decía que no había que dejar de educarse nunca y resaltaba la importancia de la educación durante la vejez, desde la primera etapa hasta la última. El segundo nos proponía algunos dictámenes sobre la educación hacia el final del libro de la política. Lo cierto es que existía una perspectiva global de la educación en Grecia. El origen de la palabra escuela tiene su origen en Grecia: la skholé, que significa ocio, pero un ocio de bien, ocio destinado a educarse. Hoy en día pensar en el ocio significa pensar en un tipo de actividades más orientadas hacia el descanso.


Termina resaltando la importan acercarnos a los clásicos en la educación, ya que nos pueden dar buenas lecciones, y mencionando que ciertas modas anglosajonas nos hacen alejarnos de ellas mediante la difusión de discursos orientados a la educación relacionados con la productividad y los aspectos burocráticos. Aristóteles comienza su metafísica diciendo que todos ansiamos conocer. La educación es una cadena prometeica, una antorcha que se va pasando de la cultura, la civilización y los saberes. Existe un deber de pasar ese testigo, de entusiasmarnos enseñando al unísono que se entusiasma a los estudiantes.


 
 
 

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